El flaco favor hacia el TDAH

mar 15, 2016

TDAH EFECTOS MEDICAMENTOS

El fin de semana pasado leí en el suplemento de un periódico un artículo que me dejó cuanto menos sorprendida. Relataba el autor del mismo la nueva moda existente entre los ejecutivos, sobrepasados por el exceso de demanda atencional en sus competencias profesionales. Cegados por su afán en querer rendir más en su trabajo, se habían encontrado con un producto en el que no habían reparado antes su atención: el metilfenidato. Es decir, el principio activo de todos aquellos medicamentos empleados en el tratamiento farmacológico del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Quienes habían probado la medicación comentaban que mejoraban su concentración, rendían más y alargaban su ciclo de vigilia. La autoexigencia y sobre todo, el miedo a perder el puesto de trabajo ha llevado a algunas personas a fijarse en estos fármacos estimulantes que para nada han sido diseñados con la finalidad que ahora, tristemente, parece estar de moda. Todos los medicamentos destinados a tratar el TDAH persiguen un único fin: mejorar la atención y sobre todo, la calidad de vida de las niñas y los niños que, diagnosticados de tal patología, pueden de este modo llevar una vida normalizada.  Una buena evaluación psicológica y  diagnóstico, así como en determinados casos, complementada con una prescripción médica del fármaco va a resultar esencial para mejorar la vida de estos niños. El hecho de que algunas personas, por desconocimiento o información errónea, los empleen para mitigar sus frustraciones profesionales y el temor a no dar la talla en su puesto de trabajo resulta ser un flaco favor. Se frivoliza con la medicación destinada a paliar los efectos de un trastorno que, en algunos casos, es altamente incapacitante. Banalizar con los efectos secundarios de los fármacos estimulantes y el riesgo para la salud de quien lo toma sin su correcta prescripción médica y, sobre todo, sin un fin justificado, no hace sino mostrar que no se es más inteligente por el hecho de creer que así, uno puede rendir más en el trabajo gracias a su consumo, sino por estar convencido de que su uso tiene un fin que para nada es ni el dopaje mental ni el incremento del rendimiento laboral. Zapatero a tus zapatos.